La familia, primer lugar donde hablar de la fe

El primer lugar específico para hablar de la fe es la familia. No se trata de sacar el tema de Dios de manera artificial. Lo importante es que en la familia, Dios y la fe tienen que ser tan normales y habituales como lo es el trabajo, la comida, los vestidos, el cariño. Dar gracias a Dios, pedir, hablar de su presencia en medio de nosotros debería ser “algo normal”.

Hablar de la fe no se puede reducir a momentos en los que en la familia se reza. Rezar es una expresión de la vida de fe; pero no es todo. Los padres cristianos también expresan cómo han vivido la jornada haciendo referencia a Dios; o cómo han vivido a lo largo del día la palabra del Evangelio; o cómo les ha llamado la atención el ejemplo de vida cristiana de alguien; o cómo se han interrogado y necesitan consejo o una palabra de otra persona para aclarar una duda.

Hablar de la fe es traslucir la vida de fe que el adulto lleva dentro y alimenta y vive.

La fe da sentido a la totalidad de la vida, no solo a un aspecto.

“Hablar de la fe. Sugerencias para padres y adultos”, Catequistas 271 (2018), 7.

A nosotros, como catequistas, nos toca también acompañar a las familias para que hagan de la vivencia de la fe en el hogar algo habitual…

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