La realidad de nuestras familias

Los expertos dicen que la familia sufre una grave crisis que pone en tela de juicio su capacidad educadora y catequética, de tal modo que nos estaríamos jugando no sólo la transmisión de los valores de padres a hijos, sino también la transmisión de la fe.

Es verdad que la familia sigue siendo el grupo social de referencia para las personas de todas las edades y también la institución más valorada, a decir de las encuestas. Pero es evidente que las familias actuales son diferentes de las de hace unos años, las nuestras, sin ir más lejos.

Quizás notemos que las familias han perdido solidaridad y compromiso. Por otra parte, parece que han ganado en afecto y en una mayor autonomía de sus miembros, con sus pros y sus contras. En cuanto a la vivencia de la fe, hay familias que mantienen su identidad cristiana, aunque con diferentes sensibilidades religiosas. En otras reina la indiferencia o solamente surge la pregunta por lo religioso en contadas ocasiones.

Ante tan variopinta realidad, nosotros, como catequistas, debemos permanecer atentos a las necesidades de cada una de ellas, estar al quite y tender puentes. De entrada: acoger, testimoniar y acompañar. Y reconocer que el Espíritu sigue actuando, aunque a veces nos cueste aceptarlo.

acoger, testimoniar y acompañar. Y reconocer que el Espíritu sigue actuando

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