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Evangelio del día Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer Lc17,7-10

La sonrisa

“Los niños sonríen espontáneamente y lloran espontáneamente. Depende siempre del corazón, y con frecuencia nuestro corazón se bloquea y pierde esta capacidad de sonreír, de llorar. Entonces, los niños pueden enseñarnos de nuevo a sonreír y a llorar. Pero, nosotros mismos, tenemos que preguntarnos: ¿sonrío espontáneamente, con naturalidad, con amor, o mi sonrisa es artificial? ¿Todavía lloro o he perdido la capacidad de llorar? Dos preguntas muy humanas que nos enseñan los niños.”

Papa Francisco – Audiencia general del 18.03.2015

Cuando veo cómo las catequistas reciben con una sonrisa cálida y acogedora a los niños y estos vienen a la catequesis sonrientes, creo que vamos por buen camino. Al menos, lo empezamos con buen pie.

La sonrisa ayuda a romper la barrera de la indiferencia. Es pasaporte que nos permite cruzar fronteras y acoger a niños y adultos con el corazón. Con una sonrisa hacemos más creíble el anuncio de Jesús, que quiere ser nuestro amigo, el amigo de todos.

Una sonrisa ayuda a romper barreras

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