Los jóvenes en la escuela de María

Por los jóvenes, especialmente los de América Latina, para que, siguiendo el ejemplo de María, respondan a la llamada del Señor para comunicar al mundo la alegría del Evangelio.

Revista ClickToPray - enero 2019

Oración

Padre de bondad, te doy gracias por el entusiasmo y la alegría de los jóvenes. En ellos encuentro la capacidad de soñar, la generosidad y la fuerza para hacer de este mundo un lugar más pacífico y justo.

Derrama tu Espíritu Santo sobre nuestras comunidades, para que sean lugares de encuentro entre varias generaciones, unidas en la comunión contigo, celebrando tu presencia entre nosotros. Que el entusiasmo de los jóvenes sea, en tu Iglesia, motivo de un nuevo aliento misionero, marcado por la alegría, en particular entre los que más necesitan, los más pobres, desfavorecidos, los que perdieron la esperanza.

En este mes, te pido en particular por los jóvenes que participan en las Jornadas Mundiales de la Juventud en Panamá y por los frutos, para la Iglesia, de este gran encuentro.

Oración de ofrecimiento

Dios, Padre nuestro, yo te ofrezco toda mi jornada, mis oraciones, pensamientos, afectos y deseos, palabras, obras, alegrías y sufrimientos, en unión con el Corazón de tu Hijo Jesucristo que sigue ofreciéndose a Ti en la Eucaristía para la salvación del mundo. Que el Espíritu Santo, que guió a Jesús, sea mi guía y mi fuerza en este día para que pueda ser testigo de tu amor. Con María, la madre del Señor y de la Iglesia, pido especialmente por las intenciones del Papa y de nuestros obispos para este mes.

Propuestas para el mes, si vives en América Latina:

  • Participar en las Jornadas Mundiales de la Juventud, o en iniciativas que acompañan este evento, colaborando con lo que sea necesario para su organización y la divulgación de los frutos de este gran encuentro.
  • En la profunda conexión a María que caracteriza a la Iglesia de América Latina, promover la oración del Rosario en las propias comunidades, en particular el Rosario por la paz, promovido por Click To Pray.
  • Escuchar a los jóvenes y confiarles responsabilidades para la revitalización de la vida apostólica de sus comunidades locales, apoyándolos en sus expresiones de creatividad, en el espíritu de la Misión Continental.

Propuestas para el mes, si vives fuera de América Latina:

  • Participar en las Jornadas Mundiales de la Juventud, o acompañar en la oración este evento, especialmente a través de la oración del Rosario por la Paz, promovido por Click To Pray.
  • Realizar un encuentro de los responsables pastorales de la comunidad, invitando a jóvenes a reflexionar juntos sobre su participación concreta en la vida de la comunidad.
  • A lo largo de este mes, procurar ser anunciador de la alegría del Evangelio junto a los que más necesitan, en los propios ambientes, familiares, de amistad, trabajo, etc.

Por los jóvenes, especialmente los de América Latina, para que, siguiendo el ejemplo de María, respondan al llamado del Señor para comunicar la alegría del Evangelio al mundo.

2. María

«Te he llamado por tu nombre» (Is 43,1). El primer motivo para no tener miedo es precisamente el hecho de que Dios nos llama por nuestro nombre. El ángel, mensajero de Dios, llamó a María por su nombre. Poner nombres es propio de Dios. En la obra de la creación, él llama a la existencia a cada criatura por su nombre. Detrás del nombre hay una identidad, algo que es único en cada cosa, en cada persona, esa íntima esencia que sólo Dios conoce en profundidad. Esta prerrogativa divina fue compartida con el hombre, al cual Dios le concedió que diera nombre a los animales, a los pájaros y también a los propios hijos (Gn 2,19-21; 4,1). Muchas culturas comparten esta profunda visión bíblica, reconociendo en el nombre la revelación del misterio más profundo de una vida, el significado de una existencia.

Cuando Dios llama por el nombre a una persona, le revela al mismo tiempo su vocación, su proyecto de santidad y de bien, por el que esa persona llegará a ser alguien único y un don para los demás. Y también cuando el Señor quiere ensanchar los horizontes de una existencia, decide dar a la persona a quien llama un nombre nuevo, como hace con Simón, llamándolo «Pedro». De aquí viene la costumbre de asumir un nuevo nombre cuando se entra en una orden religiosa, para indicar una nueva identidad y una nueva misión. La llamada divina, al ser personal y única, requiere que tengamos el valor de desvincularnos de la presión homogeneizadora de los lugares comunes, para que nuestra vida sea de verdad un don original e irrepetible para Dios, para la Iglesia y para los demás.

Queridos jóvenes: Ser llamados por nuestro nombre es, por lo tanto, signo de la gran dignidad que tenemos a los ojos de Dios, de su predilección por nosotros. Y Dios llama a cada uno de vosotros por vuestro nombre. Vosotros sois el «tú» de Dios, preciosos a sus ojos, dignos de estima y amados (cf. Is 43,4). Acoged con alegría este diálogo que Dios os propone, esta llamada que él os dirige llamándoos por vuestro nombre.

4. Valentía en el presente

La fuerza para tener valor en el presente nos viene de la convicción de que la gracia de Dios está con nosotros: valor para llevar adelante lo que Dios nos pide aquí y ahora, en cada ámbito de nuestra vida; valor para abrazar la vocación que Dios nos muestra; valor para vivir nuestra fe sin ocultarla o rebajarla.

Sí, cuando nos abrimos a la gracia de Dios, lo imposible se convierte en realidad. «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rm 8,31). La gracia de Dios toca el hoy de vuestra vida, os «aferra» así como sois, con todos vuestros miedos y límites, pero también revela los maravillosos planes de Dios. Vosotros, jóvenes, tenéis necesidad de sentir que alguien confía realmente en vosotros. Sabed que el Papa confía en vosotros, que la Iglesia confía en vosotros. Y vosotros, ¡confiad en la Iglesia!

A María, joven, se le confió una tarea importante, precisamente porque era joven. Vosotros, jóvenes, tenéis fuerza, atravesáis una fase de la vida en la que sin duda no faltan las energías. Usad esa fuerza y esas energías para mejorar el mundo, empezando por la realidad más cercana a vosotros. Deseo que en la Iglesia se os confíen responsabilidades importantes, que se tenga la valentía de daros espacio; y vosotros, preparaos para asumir esta responsabilidad.

Os invito a seguir contemplando el amor de María: un amor atento, dinámico, concreto. Un amor lleno de audacia y completamente proyectado hacia el don de sí misma. Una Iglesia repleta de estas cualidades marianas será siempre Iglesia en salida, que va más allá de sus límites y confines para hacer que se derrame la gracia recibida. Si nos dejamos contagiar por el ejemplo de María, viviremos de manera concreta la caridad que nos urge a amar a Dios más allá de todo y de nosotros mismos, a amar a las personas con quienes compartimos la vida diaria. Y también podremos amar a quien nos resulta poco simpático. Es un amor que se convierte en servicio y dedicación, especialmente hacia los más débiles y pobres, que transforma nuestros rostros y nos llena de alegría.

Quisiera terminar con las hermosas palabras de san Bernardo en su famosa homilía sobre el misterio de la Anunciación, palabras que expresan la expectativa de toda la humanidad ante la respuesta de María: «Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta. También nosotros esperamos, Señora, esta palabra de misericordia. Por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida. Esto mismo te pide el mundo todo postrado a tus pies. Oh Virgen, da pronto tu respuesta» (Homilía 4, 8-9: Opera Omnia, Ed. Cisterciense, 4 [1966] 53-54).

Queridos jóvenes: el Señor, la Iglesia, el mundo, esperan también vuestra respuesta a esa llamada única que cada uno recibe en esta vida. A medida que se aproxima la JMJ de Panamá, os invito a prepararos para nuestra cita con la alegría y el entusiasmo de quien quiere ser partícipe de una gran aventura. La JMJ es para los valientes, no para jóvenes que sólo buscan comodidad y que retroceden ante las dificultades. ¿Aceptáis el desafío?

MENSAJE PARA LA XXXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
Francisco
11 de febrero de 2018
Ver el texto completo:
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