Ninguna sesión sin oración

A veces podemos correr el peligro de preparar muy bien nuestras sesiones de catequesis, de no dejar ningún punto suelto ni detalle concretado, como si pareciera que todo dependiera solo de nosotros. Y, en parte, es verdad. Como parece que hubiera dicho san Ignacio: “Haz las cosas como si todo dependiera de ti y confía como si todo dependiera de Dios”.

Me atrevo a darte una sugerencia: cuando prepares la catequesis, ora por cada una y cada uno de los niños. Ora por sus familias, por el grupo de catequistas y por ti mismo. Toma conciencia de la presencia de Dios en tu vida y en tu misión como catequista. Tú eres mediación amada y elegida por Dios.

No olvides que tu rostro ha de transparentar la sonrisa con la que Dios acoge a los niños. Que tus manos son la prolongación de sus manos amorosas, y que tus palabras deben portar con dulzura la Palabra de Dios.

Recuerda, ninguna sesión sin oración antes, en medio o al final, como quieras.

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