Evangelio del día El candil se pone en el candelero para que haya luz Lc8,16-18

Palabra y silencio

Para que sea posible esa escucha de la Palabra, el catequista debe ser hombre y mujer que guste del silencio. ¡Sí!, el catequista, porque es el hombre (la mujer) de la Palabra, deberá ser también el hombre (la mujer) del silencio… Silencio contemplativo, que nos permitirá liberarnos de la inflación de palabras, que pueden hacer de nuestra catequesis pura palabrería, como tanta palabrería que observamos en nuestra sociedad. Silencio dialogal, que hará posible la escucha respetuosa del otro y así embellecerá a la Iglesia con el servicio de la palabra que se ofrece como respuesta. Silencio rebosante de “projimidad”, que complementará la palabra con gestos decidores que facilitan el encuentro y hacen posible la “teofanía del nosotros”. Por eso, me animo a invitarlos, a ustedes, hombres y mujeres de la Palabra: ¡amen el silencio, busquen el silencio, hagan fecundo en su ministerio el silencio!

Del discurso del Cardenal Jorge Mario Bergoglio S.J., a los catequistas
Buenos Aires, 12 de marzo de 2005.

Mañana escucharemos en el Evangelio: “Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. Os invitamos a vivir el Misterio de la Palabra hecha carne en el silencio contemplativo, dialogal y rebosante de “projimidad”.

¡Feliz Año Nuevo! Urte berri on!

...hombres y mujeres de la Palabra: ¡amen el silencio, busquen el silencio, hagan fecundo en su ministerio el silencio!

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