Evangelio del día El Defensor que enviará el Padre os lo enseñará todo Jn14,21-26

Reconocimiento de los derechos de las comunidades cristianas

Por las comunidades cristianas, en especial aquellas que son perseguidas, para que sientan la cercanía de Cristo y para que sus derechos sean reconocidos.

Oración

Dios de bondad,
tu Hijo Jesús sufrió incomprensiones y violencias
por mostrar al mundo la verdad del Evangelio,
que incomoda a los poderosos.
Muchos cristianos y comunidades de discípulos,
siguen siendo signo de contradicción y, por eso, son perseguidos.
Danos la gracia de vivir unidos
a nuestros hermanos y hermanas que son perseguidos,
en los contextos más diversos.
Que nuestra oración sea consuelo en sus dificultades.
Danos la gracia de anunciar sin miedo y con coherencia
lo que recibimos de Jesús, su modo de vivir y de amar.
Padre Nuestro…

Oración de ofrecimiento

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo
me haga su amigo y apóstol, disponible a su misión.
Pongo en tus manos
mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos,
todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por las intenciones de oración del Papa para este mes. Amén.

Propuestas para el mes:

  • Asume este mes, la misión de dar a conocer, a través de tus redes sociales, las situaciones de persecución religiosa en el mundo, en especial a los cristianos.
  • Busca y apoya instituciones de ayuda a los cristianos perseguidos y colabora con iniciativas de acogida a estas personas.
  • Promueve en tu comunidad un momento de oración por las comunidades cristianas perseguidas y reflexionen juntos sobre los condicionamientos actuales que se oponen a nuestro modo de vivir la fe y los valores humanos y cristianos.

Por las comunidades cristianas, en especial aquellas que son perseguidas, para que sientan la cercanía de Cristo y para que sus derechos sean reconocidos.

[…] Este encuentro me ofrece la oportunidad de expresar una vez más mi cercanía a todos aquellos que sufren por los conflictos que azotan desde hace décadas la Tierra Santa. La incertidumbre de la situación y la falta de entendimiento entre las partes siguen causando inseguridad, restricción de los derechos fundamentales y abandono de la propia tierra por parte de muchos. Por eso invoco la ayuda de Dios y pido a todos los sujetos involucrados que redoblen sus esfuerzos para crear las condiciones de una paz estable basada en la justicia y el reconocimiento de los derechos de todos. Con este fin, se debe rechazar con firmeza el recurso a cualquier tipo de violencia, a cualquier tipo de discriminación y a todas las manifestaciones de intolerancia contra las personas o lugares de culto judíos, cristianos y musulmanes. La Ciudad Santa, cuyo status quo debe ser defendido y preservado, debería ser un lugar donde todos pudieran vivir juntos pacíficamente; de lo contrario, la espiral del sufrimiento continuará para todos y sin fin.

Deseo dirigir una pensamiento especial a todos los miembros de las diversas comunidades cristianas de Tierra Santa. Espero que siempre sean reconocidos como parte integrante de la sociedad y que, como ciudadanos y creyentes de pleno derecho, sean incansables en su contribución al bien común y a la construcción de la paz, comprometiéndose a ser artífices de la reconciliación y la armonía. Esta contribución será más eficaz en la medida en que se logre una sintonía cada vez mayor entre las diferentes Iglesias de la región. Sería particularmente importante una cooperación creciente para sostener a las familias y a los jóvenes cristianos de modo que no se vean obligados a tener que dejar su tierra. Trabajando juntos en este ámbito tan delicado, los fieles de varias confesiones también podrán conocerse mejor y desarrollar relaciones cada vez más fraternales. Por lo tanto, en obediencia a la sentida oración de Jesús por los suyos en el Cenáculo: «Que todos sean uno… para que el mundo crea» (Juan 17, 21), quiero reiterar el deseo sincero y el compromiso de avanzar en el camino hacia la plena unidad entre nosotros. Sé que algunas de las heridas del pasado siguen dejando señales en la memoria de tantos. No se puede cambiar la historia, pero sin olvidar las graves carencias de caridad durante siglos, volvamos juntos los ojos a un futuro de reconciliación plena y de comunión fraterna y esforcémonos ahora, como quiere el Señor. No hacerlo sería la culpa más grave de hoy, sería no tener en cuenta la urgente invitación de Cristo y los signos de los tiempos que el Espíritu siembra en el camino de la Iglesia. Animados por el mismo Espíritu, no dejemos que los recuerdos de épocas caracterizadas por el silencio recíproco o el intercambio mutuo de acusaciones, las dificultades del presente y un futuro incierto nos impidan caminar juntos hacia la unidad visible, rezar juntos y trabajar juntos para anunciar el Evangelio y servir a los necesitados. También el diálogo teológico entre católicos y ortodoxos, que continúa, y en el que el Patriarcado greco ortodoxo de Jerusalén participa activa y constructivamente es, en este sentido, un signo de esperanza, que nos conforta a lo largo del camino. Qué hermoso sería decir de los católicos y los ortodoxos que viven en Jerusalén lo que el evangelista Lucas dijo de la primera comunidad cristiana: «Todos los creyentes vivían unidos […] un solo corazón y una sola alma» (Hechos 2, 44; 4, 32).

Beatitud, gracias de corazón por su visita y la de los distinguidos miembros de su séquito. Deseo reafirmar mi cercanía a los hermanos cristianos en Tierra Santa y mi afecto por los amigos de las otras grandes religiones de la región, esperando y rezando para que llegue pronto para todos el día de una paz estable y duradera. «Pedid la paz para Jerusalén: en calma estén tus tiendas […] por amor de mis hermanos y de mis amigos quiero decir: ¡La paz contigo!» (Salmo 122, 6-8).

DISCURSO A SU BEATITUD TEÓFILO III, PATRIARCA GRECO ORTODOXO DE JERUSALÉN
Francisco
23 de octubre de 2017
Ver el texto completo:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2017/october/documents/papafrancesco_20171023_patriarca‐theophilos‐iii.html
© Copyright 2017 ‐ Libreria Editrice Vaticana

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