Evangelio del día El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir Lc12,8-12

Talla de san Diego de Alcalá

Es una talla pequeña de gran delicadeza y muy buena factura técnica del escultor granadino Pedro de Mena. Fue alumno de Alonso Cano y un artista muy apreciado por sus contemporáneos.

Talla de San Diego de Alcalá

Sobre la obra

Es una escultura de madera pintada que mide de alto 68 centímetros. Estas tallas pequeñas eran frecuentes en la escultura granadina del siglo XVII, lo que permitía recrearse en los detalles. Representa al fraile en uno de sus milagros más conocidos que se le atribuyen; iba a repartir entre los pobres el pan asignado a los frailes, cuando, a punto de ser descubierto, los restos de pan que llevaba, las migas, se convirtieron en rosas.

Es una de las dos versiones que talló a partir de un modelo que hizo con su maestro Alonso Cano.

Tiene el rostro rasgos muy finos, la boca entreabierta, la barba rasurada, los ojos muy abiertos, su cabeza se encuentra ligeramente inclinada, parece caminar lentamente, mira hacia lo alto, absorto, mientras, con ambas manos, recoge la parte delantera de su hábito donde tiene lugar el milagro de la conversión. Aquí debieron estar las rosas hoy perdidas. El ropaje tiene pliegues profundos. Llama la atención la textura de la tela estameña y las costuras; parece que tienen relieve pero es una ilusión de la pintura conseguida con un rayado minucioso. La policromía en la obra de Mena es muy buena.

La obra pertenecía a una familia de Vitoria y fue adquirida por la Diputación Foral el año 2000.

En el Museo hay otra escultura de similar tamaño y del mismo artista, de la Inmaculada, que es una de las piezas más admiradas y comentadas por el público.

San Diego de Alcalá fue un monje franciscano que se hizo muy popular en su época, el siglo XV. Fue retratado, entre otros, por Zurbarán, Ribera, Murillo, Alonso Cano, incluso Annibale Carracci, uno de los grandes maestros italianos, le dedicó un conjunto de frescos, y Lope de Vega llegó a dedicarle un soneto. En fin, sorprende la popularidad que alcanzó el fraile que después de su muerte fue canonizado y además fue el único santo canonizado a lo largo de todo el siglo XVI, por el papa Sixto V, culminando el proceso introducido por Pío IV a instancias del rey Felipe II de España, convirtiéndose así en el primer santo español de la Edad Moderna.

Seis fueron los milagros aprobados por la Sagrada Congregación de Ritos para su canonización, siendo el más famoso la curación del príncipe Carlos, hijo de Felipe II.

Otro milagro que se le atribuye es el de haber salvado, en un viaje que hizo a Sevilla, a un niño que imprudentemente se había metido y dormido en un horno, el cual fue encendido mientras tanto. Tras la mediación de Diego el pequeño apareció fuera del horno sin la menor quemadura. Éste y otros milagros los solía atribuir el humilde fraile a la intervención de la Virgen María

San Diego de Alcalá fue por tanto, un santo muy popular y entre los frailes, es el patrón de los franciscanos legos.

Sobre el autor

Pedro de Mena y Medrano fue un escultor del barroco español que  nació en Granada en 1628

Se dedicó principalmente a la realización de imaginería religiosa, oficio al que también se había dedicado su padre, Alonso de Mena, y de quien heredó un taller en Granada. Además, tuvo otro taller instalado durante treinta años en Málaga, a donde se había dirigido para participar en una de sus obras más reconocidas, la sillería del coro de la Catedral de Málaga. En esta ciudad ejecutó gran cantidad de encargos, especialmente para órdenes religiosas.

 

 

 

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