Evangelio del día Has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a la gente sencilla Mt11,25-27

Trata de personas

Recemos por la acogida generosa de las víctimas de la trata de personas, de la prostitución forzada y de la violencia.

Oración

Dios, nuestro Padre,
muchas veces nos sentimos impotentes ante el mal,
cuando el poder de este mundo sobrepasa nuestras posibilidades.
Ayúdanos a no dejarnos vencer por el desánimo,
sino a ser abiertos a tu Espíritu,
creativos en lo que está a nuestro alcance.
Que nunca dejemos de mirar el rostro de nuestros hermanos y hermanas que sufren
y siempre nos sintamos responsables de ellos.
Que nuestra oración y nuestra acción concreta
sean señal de tu cercanía y de tu amor.
Padre Nuestro…

Oración de ofrecimiento

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo
me haga su amigo y apóstol, disponible a su misión.
Pongo en tus manos
mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos,
todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María, te ofrezco mi día
por la misión de la Iglesia
y por las intenciones de oración del Papa para este mes

Propuestas para el mes:

  • Ponte al servicio de instituciones que se dediquen a rescatar a personas en situaciones de tráfico humano y ayúdalas económicamente o a través del servicio voluntario
  • Decide, en familia o en comunidad, algunas iniciativas para ayudar a una persona concreta que viva estas situaciones.
  • Organiza, en tu comunidad parroquial, u otros grupos, un momento de oración por las víctimas de tráfico humano, en el que entre todos compartan información sobre este tema.

Por la acogida generosa de las víctimas de la trata de personas, de la prostitución
forzada y de la violencia.

“El pan sucio de la corrupción”

Seguramente sobre el tema de la trata hay mucha ignorancia. Pero a veces parece que haya también poca voluntad de comprender la dimensión del problema. ¿Por qué? Porque toca de cerca nuestras conciencias, porque es escabroso, porque nos avergüenza. Hay además quien, conociéndolo, no quiere hablar de ello porque se encuentra al final de la «cadena de consumo», como usuario de los «servicios» que son ofrecidos en la calle o en internet. Está, finalmente, quien no quiere que se hable, por estar implicado directamente en las organizaciones criminales que de la trata obtienen buenos beneficios. Sí, es necesaria valentía y honestidad, «cuando encontramos o tratamos en la vida cotidiana con víctimas de la trata de personas, o cuando tenemos que elegir productos que con probabilidad podrían haber sido realizados mediante la explotación de otras personas».

El trabajo de sensibilización debe empezar en casa, por nosotros mismos, porque solo así seremos capaces después de concienciar a nuestras comunidades, estimulando a comprometerse para que ningún ser humano sea víctima de la trata.

Para los jóvenes esto parece una tarea más fácil, dado que son menos estructurados en el pensamiento, menos ofuscados por los prejuicios, más libres de razonar con la propia cabeza. La voz de los jóvenes, más entusiasta y espontánea, puede romper el silencio para denunciar las injusticias de la trata y proponer soluciones concretas. Adultos que estén preparados para escuchar pueden ser de gran ayuda.

Por mi parte, como habréis notado, no he perdido nunca ocasión para denunciar  abiertamente la trata como un crimen contra la humanidad. Es «una verdadera forma de esclavitud, lamentablemente cada vez más difundida, que atañe a cada país, incluso a los más desarrollados, y que afecta a las personas más vulnerables de la sociedad: las mujeres y las muchachas, los niños y las niñas, los discapacitados, los más pobres, a quien proviene de situaciones de disgregación familiar y social»

También he dicho que «es necesaria una toma de responsabilidad común y una más firme voluntad política para lograr vencer en este frente. Responsabilidad hacia quienes cayeron víctimas de la trata, para tutelar sus derechos, para asegurar su incolumidad y la de sus familiares, para impedir que los corruptos y criminales se sustraigan a la justicia y tengan la última palabra sobre las personas».

Los jóvenes ocupan una posición privilegiada para encontrar a los supervivientes de la trata de seres humanos. Id a vuestras parroquias, a una asociación cerca de casa, encontrad a las personas, escuchadlas. Desde ahí, crecerá una respuesta y un compromiso concreto de vuestra parte. Veo de hecho el riesgo de que esto se convierta en un problema abstracto, pero no es abstracto.

Hay signos que podéis aprender a «leer», que os dicen: aquí podría haber una víctima de trata, un esclavo. Necesitamos promover la cultura del encuentro que lleva en sí una riqueza inesperada y grandes sorpresas. San Pablo nos da un ejemplo: en Cristo, el esclavo Onésimo no es más un esclavo sino mucho más, es un hermano querido (cf. Filemón 1, 16).

La esperanza, vosotros jóvenes, la podéis encontrar en Cristo, y a Él lo podéis encontrar también en las personas migrantes, que han huido de casa, y permanecen atrapadas en las redes. No tengáis miedo de encontrarles. Abrid vuestro corazón, hacedles entrar, estad preparados para cambiar. El encuentro con el otro lleva naturalmente a un cambio, pero no es necesario tener miedo de este cambio. Será siempre el mejor. Recordad las palabras del profeta Isaías: «ensancha el espacio de tu tienda» (cf. 54, 2).

La Iglesia debe promover y crear espacios de encuentro, por este motivo he pedido abrir las parroquias a la acogida. Es necesario reconocer el gran compromiso en respuesta a mi llamamiento, ¡gracias! Os pido a vosotros aquí presentes hoy trabajar a favor de la apertura al otro, sobre todo cuando está herido en la propia dignidad. Haceos promotores de iniciativas que vuestras parroquias puedan acoger. Ayudad a la Iglesia a crear espacios de compartir experiencias e integración de fe y de vida.

También las redes sociales representan, sobre todo para los jóvenes, una oportunidad de encuentro que puede parecer sin límite: internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos, y esto es algo bueno, es un don de Dios. Sin embargo para cada instrumento que se nos ofrece, es fundamental la elección que el hombre decide hacer. El ambiente comunicativo puede ayudarnos a crecer o, al contrario, a desorientarnos. No es necesario infravalorar los riesgos inherentes en algunos de estos espacios virtuales; a través de las redes muchos jóvenes son atraídos y arrastrados en una esclavitud de la cual después se convierte en más allá de las propias capacidades para liberarse.

En este ámbito los adultos, padres y educadores —también los hermanos y primos un poco más grandes— están llamados a la tarea de vigilar y proteger a los jóvenes. Vosotros tenéis que hacer lo mismo con vuestros parientes y compañeros. Percibir y señalar vulnerabilidad particulares, casos sospechosos sobre los cuales sea necesario arrojar luz.

Usad por tanto las redes para compartir una historia positiva de vuestras experiencias de encuentro con nuestros hermanos en el mundo, contad y compartid las buenas prácticas y desencadenad un círculo virtuoso.

DISCURSO A LOS PARTICIPANTES EN LA JORNADA MUNDIAL DE REFLEXIÓN Y ORACIÓN CONTRA LA TRATA DE PERSONAS
Francisco
12 de febrero de 2018
Ver el texto completo:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2018/february/documents/papa‐francesco_20180212_contro‐tratta.html

© Copyright 2018 ‐ Libreria Editrice Vaticana

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