Una fe compartida en familia y con otras familias

Todos nosotros sabemos y experimentamos que la fe cristiana o se vive en comunidad o empieza a naufragar, y que la tentación de vivir la fe de manera individualista está siempre presente. También es verdad que ha habido personas que han vivido su fe heroicamente en contextos adversos y sin la presencia física de una comunidad.

Pero, en nuestro caso, la referencia a una comunidad cristiana es básica a la hora de crecer en esa adhesión personal a Jesucristo y su Evangelio.

Como catequistas, hemos de animar a las familias –iglesias domésticas– a que compartan la fe en el hogar con esas cosas sencillas de toda la vida como son, por ejemplo, rezar juntos al finalizar el día, bendecir al Señor antes de las comidas más señaladas o leer algunos pasajes de la Biblia infantil con los hijos.

También debemos pincharles un poco para que compartan la fe con otras familias en las actividades que promovemos en catequesis, en la Eucaristía dominical y en las variadas iniciativas que van haciendo gustar la comunidad cristiana. Y ahí estamos los catequistas invitando, acogiendo y acompañando. Es la receta de siempre, ya lo sabemos. Pero aún así, es imprescindible. ¡Ánimo, pues!

La referencia a una comunidad cristiana, básica para crecer en la adhesión a Jesús y su Evangelio.

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