Unión con Jesús y encuentro con el otro

«El corazón del catequista vive siempre este movimiento de “sístole y diástole”: unión con Jesús y encuentro con el otro. Son las dos cosas: me uno a Jesús y salgo al encuentro con los otros. Si falta uno de estos dos movimientos, ya no late, no puede vivir. Recibe el don del kerigma, y a su vez lo ofrece como don.

Esta palabrita: don. El catequista es consciente de haber recibido un don, el don de la fe, y lo da como don a los otros. Y esto es hermoso. (…) Es puro don: don recibido y don transmitido. Y el catequista se encuentra allí, en este intercambio del don. La naturaleza misma del kerigma es así: es un don que genera la misión, que empuja siempre más allá de uno mismo. (…)

Preguntémonos todos: ¿Late así mi corazón de catequista: unión con Jesús y encuentro con el otro? ¿Con ese movimiento de “sístole y diástole”? ¿Se alimenta en la relación con Él, pero para llevarlo a los demás y no para quedárselo él?»

M. Bergoglio. Papa Francisco, Queridos catequistas
Cartas, homilías y discursos, PPC, Madrid 2013, 85.

Y tú y yo, ¿qué respondemos?

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