Evangelio del día El candil se pone en el candelero para que haya luz Lc8,16-18

Vida consagrada, interioridad y oración, en la Librería Diocesana

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Abrazar el futuro con esperanza

El mañana de la vida consagrada

Autor: Amedeo Cencini
Edita Salterrae

¿Tiene futuro la vida consagrada? ¿Sobrevivirán las órdenes, congregaciones e institutos religiosos a la ola de secularismo mayoritario? ¿Cómo sería la Iglesia de Dios sin la mirada especial que aporta la vida consagrada? ¿Y qué alternativas existen ante este devenir tan oscuro?

Este libro de Amedeo Cencini invita a identificar las oportunidades que aún en tiempos tan difíciles se presentan ante las puertas de la Iglesia y de quienes han decidido consagrar su vida a Dios. Saberlas aprovechar, puede marcar el futuro de una Iglesia más verdadera y evangélica, más creíble y significativa para el hombre de hoy.

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La voz de tu saludo

Acompañar, conversar, discernir

Autor: José García de Castro, SJ
Edita Salterrae

Hoy hablamos mucho, de muchas cosas y con mucha gente. Todo el mundo quiere hablar. Pero, ¿queda alguien para escuchar? La voz de tu saludo expresa la sorpresa ante el «milagro invisible» que llega cada día cuando decidimos comenzar una conversación.

Toda una pedagogía de la comunicación humana, un camino hacia las entrañas de la palabra, hacia ese horizonte desconocido del lenguaje que poco a poco se va desvelando en la medida en que «aprendemos a hablar» desde la verdad y la humildad de lo que somos.

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Plegarias desde el vacío interior

Autor: Antonio Díez Tortajada
Edita Descleé De Brouwer

Lograr la tranquilidad parece que está más allá de nosotros mismos, y esto nos deja con un cierto dilema: necesitamos quietud para encontrar a Dios, pero necesitamos su ayuda para encontrar la quietud. Con esto en mente, ofrezco una oración por la quietud del corazón.

Pidamos al Señor calma para nuestros corazones para que podamos saber que Él es Dios, para que podamos saber que Él crea y sustenta cada aliento nuestro, que en cada segundo llama a la existencia al universo entero –nosotros mismos no menos que todos los demás somos tus amados– que quiere que nuestra vida florezca; que desea nuestra felicidad, que nada cae fuera de su amor y cuidado, y que todo y todos están seguros en sus amorosas y cuidadosas manos, en este mundo y en el futuro.

Algunas cosas han cambiado en mi vida. Disfruto mucho rezando, siento que estoy en la presencia amorosa del Dios que es Amor, que Él nos escucha y que se manifiestas como Padre. Y se preocupa por cada uno de nosotros.

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