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Evangelio del día Tengo fe, pero dudo; ayúdame Mc9,14-29

Vida consagrada y Misericordia, en la Librería Diocesana

Contemplad
Carta a los consagrados y consagradas tras las huellas de la Belleza

Edita san Pablo

«Contemplad» es la tercera de las cuatro cartas que la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, inspirándose en el magisterio del papa Francisco, dirige a todos los religiosos y religiosas con motivo del Año de la Vida Consagrada.

Las dos cartas anteriores, «Alegraos» y «Escrutad», han abierto un camino de reflexión coral, seria y significativa, que ha planteado preguntas existenciales sobre la vida personal y de Instituto.

Es oportuno ahora continuar la reflexión a muchas voces, fijando la mirada en el corazón de la vida de seguimiento de Cristo. Esa es la razón de ser de esta tercera carta pues pretende dirigir la mirada a lo más profundo de la existencia, esclarecer el motivo del peregrinar en busca de Dios e interrogar la dimensión contemplativa de nuestros días, para reconocer el misterio de gracia que constituye, apasiona y transfigura.

El nombre de Dios es Misericordia
Una conversación del papa Francisco con Andrea Tornielli

Autor: Andrea Tornielli
Edita Planeta

La Iglesia no está en el mundo para condenar, sino para permitir el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios. Para que eso suceda, es necesario salir. Salir de las iglesias y de las parroquias, salir e ir a buscar a las personas allí donde viven, donde sufren, donde esperan. 

Con palabras sencillas y directas, el papa Francisco se dirige a cada hombre y mujer del planeta entablando un diálogo íntimo y personal. En el centro, se halla el tema de la misericordia, desde siempre eje fundamental de su testimonio y ahora de su pontificado. En cada página vibra el deseo de llegar a todas aquellas almas –dentro y fuera de la Iglesia– que buscan darle un sentido a la vida, un camino de paz y de reconciliación, una cura a las heridas físicas y espirituales.

En la conversación con el vaticanista Andrea Tornielli, Francisco explica –a través de recuerdos de juventud y episodios relacionados con su experiencia como pastor– las razones de un Año Santo extraordinario que ha deseado intensamente. Sin ignorar las cuestio­nes éticas y teológicas, rebate que la Iglesia no puede cerrar la puerta a nadie; por el contrario, su tarea es adentrarse en las conciencias para abrir rendijas a la hora de asumir responsabilidad y alejar el mal realizado.

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