«Tengo sed» en el carisma de Madre Teresa de Calcuta

  • Tribuna de opinión firmada por Albert Vergés, Laico Misionero de la Caridad (LMC).

«Tengo sed», la quinta palabra de Jesús en la Cruz. Dios ha querido mediante Santa Teresa de Calcuta, al igual que había hecho con Santa Faustina Kowalska y Santa Teresita del Niño Jesús anteriormente, que estas palabras puedan tener una resonancia en nuestro corazón de hombres y mujeres del siglo XXI.

En las capillas de las 750 casas de las Misioneras de la Caridad en los cinco continentes, al lado del crucifijo en la pared cerca del sagrario, se encuentra escrito «Tengo sed» en la lengua de cada lugar. Durante muchos años, se intuía que en la llamada que vivió Madre Teresa el 10 de septiembre de 1946 –que la llevó a dejar la comodidad del convento y colegio de las hermanas de Loreto y salir a los barrios más pobres de Calcuta– había una relación directa con esta palabra.

En 1993, tras la carta cuaresmal de San Juan Pablo II con este mismo título, Madre Teresa entendió que había llegado el momento de que ella hablase de la sed de Jesús, de su Amor, para con cada uno de nosotros, tal como lo había entendido en 1946. Lo plasmó en la llamada Carta de Varanasi, dirigida en primer lugar a las Misioneras de la Caridad.

Un amor que Dios, sin necesitarlo, anhela. Un anhelo de amor y de almas, que todos estamos llamados a oír en el silencio de nuestro corazón, donde Dios habla. Decía Madre Teresa en esa carta: «¿Cómo podríamos durar un solo día sin oír a Jesús decir “Te amo”? Imposible». Jesús tiene sed de nosotros, nos anhela y nos espera, aun estando alejados de él. Él nos ama en cada situación, hagamos lo que hagamos, queriendo sacar de nosotros nuestra mejor versión.

Madre Teresa continuaba en esa carta: «Hasta que no comprendas en lo más profundo que Jesús tiene sed de ti, no podrás empezar a darte cuenta de quién quiere ser Él para ti, o de quién quiere que seas tú para él».

Madre Teresa decía, que al oírlo –pues Jesús no está ligado al tiempo ni al espacio–, nos convertimos en compañeros de la Virgen María, de San Juan y de María Magdalena, quienes ya escucharon esta sed a los pies de la Cruz. Oyéndolo en nuestro corazón, estamos llamados a saciar esta sed, con nuestro amor en acción por los hermanos más necesitados, que en nuestra sociedad son también las personas sin hogar, el niño que ha vivido el divorcio de sus padres, la anciana que no recibe visitas en una residencia, el hombre encadenado a una adicción, el enfermo que se encuentra abatido, la persona que ha perdido un trabajo y está sin aliento... Estamos todos llamados a atender con amor y compasión a estas personas, siendo ahí precisamente donde se encuentran los más pobres de los pobres, quizás en nuestra propia familia. En estos corazones que anhelan Amor se encuentra de una manera especial Jesús.

Madre Teresa escribía: «[Jesús] …no desdeñó pedir un poco de agua a la samaritana. Tenía sed, pero al decir "Dame de beber", Él —el Creador del universo— pedía el amor de su criatura. Tenía sed de amor».

Solo tras la causa de canonización salió a la luz cómo el Señor quiso que, en aquel «Día de la Inspiración» de 1946, el corazón de Madre Teresa empezara un camino para comprender el «Tengo sed» de Jesús en la cruz y el «A mí me lo hicisteis» (Mt 25,40): los dos componentes que conforman el carisma de las Misioneras de la Caridad. Querer saciar esta sed, sabiendo que Jesús se entrega en el Pan de Vida para saciar nuestra sed de amor y a su vez se entrega de forma misteriosa pero real en el pobre, en el no amado, en el rechazado, para que con nuestro amor saciemos su Sed de amor y de almas.

Saciar la sed de Jesús de amor y de almas forma parte del carisma de la familia de las Misioneras de la Caridad, en cualquiera de las ramas fundadas por Madre Teresa (hermanas y hermanos activos y contemplativos, sacerdotes de la Sociedad y sacerdotes diocesanos del Movimiento Corpus Christi, colaboradores activos y sufrientes y Laicos Misioneros de la Caridad).

Las Misioneras de la Caridad salen cada día al mundo, a los «agujeros oscuros» donde no se ama a Jesús porque no se le conoce. Poniendo amor en cada situación, trayendo luz a cada corazón que vive en la oscuridad o en la desesperanza. Sabiendo que Jesús está ahí, que nos ama y nos espera. Convencidos de que al poner nuestro amor en acción, Dios sigue amando al mundo, a través de ti, a través de mí.

En la bella meditación «Tengo sed de ti», del Padre Joseph Langford, MC (meditación bellamente musicada por Iesu Communio con el mismo título) encontramos cómo Jesús nos dice: «Tengo sed de ti. Sí, esa es la única manera en que apenas puedo empezar a describir mi amor por ti. Tengo sed de ti. Tengo sed de amarte y de que tú me ames. Tan precioso eres para mí que TENGO SED DE TI. Ven a mí y llenaré tu corazón y sanaré tus heridas. Te haré una nueva creación y te daré la paz aun en tus pruebas. TENGO SED DE TI».

Santa Teresa de Calcuta, ruega por nosotros.


Albert Vergés, Laico Misionero de la Caridad (LMC).

 


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