Vitoria despide emocionada al Papa Francisco

  • Misa funeral por el eterno descanso de Francisco. Sábado, 26 de abril, 18:00h, en la Catedral Nueva.

Más de 1500 personas han abarrotado el templo más grande de la Diócesis de Vitoria. La Concatedral de María Inmaculada ha acogido la ceremonia de despedida del Papa Francisco presidida por el Obispo D. Juan Carlos Elizalde, sus vicarios episcopales y decenas de sacerdotes de Vitoria.

A esta histórica misa funeral han acudido además las principales autoridades del territorio con el diputado general de Álava, Ramiro González, la alcaldesa Maider Etxebarria, la presidenta de las Juntas Generales, Irma Basterra, la consejera Nerea Melgosa y la subdelegada del Gobierno, Mar Dabán. Tras ellos, concejales, junteros, representantes policiales, colegios como Egibide, Presentación de María o Inmaculada Concepción, Sagrado Corazón Carmelitas y asociaciones civiles como Ascudean, AECC o Icoma y eclesiales como Cáritas, Berakah o Manos Unidas además de las principales cofradías y delegaciones diocesanas.

En la otra bancada principal, los descartados, como los llamaba el Papa: migrantes, enfermos y personas que han estado en prisión han copado los primeros puestos en esta celebración. También han asistido representantes de otras confesiones religiosas y de todas las comunidades de vida religiosa presente en Vitoria.

La música de este funeral ha ido de la mano del Coro San Prudencio, entonando obras que recuerdan la muerte y resurrección de Cristo. El Obispo de Vitoria ha comenzado afirmando que “el funeral del Papa Francisco en la Concatedral de María Inmaculada es también un homenaje a su persona tanto de creyentes como de no creyentes, de quien le hemos reconocido como un referente de la humanidad y como el Sucesor de Pedro en la Iglesia”.

Compartimos aquí su reflexión:

 

HOMILIA DEL OBISPO DE VITORIA
MONSEÑOR JUAN CARLOS ELIZALDE
FUNERAL POR SU SANTIDAD,
EL PAPA FRANCISCO

¡Feliz Pascua de Resurrección! Pazko Zoriona Denoi! Beti! Comenzaba el Cardenal Re su homilía: “En unión espiritual con toda la Iglesia, estamos aquí en gran número para rezar por el Papa Francisco, para que Dios lo acoja en la inmensidad de su amor. Con nuestra oración queremos ahora encomendar a Dios el alma de nuestro amado Pontífice, para que le conceda la felicidad eterna en el horizonte luminoso y glorioso de su inmenso amor.

Nos ilumina y nos guía la página evangélica, en la que resonó la propia voz de Cristo al interrogar al primero de los Apóstoles: «Pedro, ¿me amas más que éstos?». Y la respuesta de Pedro fue pronta y sincera: «¡Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero!». Y Jesús le confió la gran misión: «Pastorea mis ovejas». Esta será la tarea constante de Pedro y de sus Sucesores, un servicio de amor en la estela del Maestro y Señor Cristo que «no había venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos» (Mc.10,45)”.

Creo que el funeral del Papa Francisco en la Concatedral María Inmaculada es también un homenaje a su persona tanto de creyentes como de no creyentes, de quien le hemos reconocido como un referente de la humanidad y como el Sucesor de Pedro en la Iglesia. “Rico en calor humano y profundamente sensible a los dramas de hoy, el Papa Francisco compartía verdaderamente las angustias, los sufrimientos y las esperanzas de nuestro tiempo de globalización, y se entregaba en reconfortar y animar con un mensaje capaz de llegar al corazón de las personas de manera directa e inmediata. Su carisma de acogida y escucha, unido a un modo de comportarse propio de la sensibilidad actual, tocó los corazones, buscando despertar las energías morales y espirituales.” Son palabras del Cardenal Re hoy.

Nuestro querido Papa Francisco falleció el Lunes de Pascua y el sábado de la semana de Pascua se está celebrando su funeral en Roma y en Vitoria-Gasteiz. Quiero recoger sus palabras en las últimas Vigilias Pascuales porque son poderosamente interpelantes.

En 2021 sintetizaba así el mensaje de la Pascua: “¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí, ha resucitado» (Mc 16, 6). Así dijo el mensajero de Dios, vestido de blanco, a las mujeres que buscaban el cuerpo de Jesús en el sepulcro. “¡No os asustéis! Él irá delante de vosotros a Galilea y allí lo veréis” (v. 7).

Acojamos también nosotros esta invitación, la invitación de Pascua: vayamos a Galilea, donde el Señor resucitado nos precede. Pero, ¿qué significa “ir a Galilea”?

1.- “Ir a Galilea" significa, ante todo, empezar de nuevo. Para los discípulos fue regresar al lugar donde el Señor los buscó por primera vez y los llamó a seguirlo. Es el lugar del primer encuentro y el lugar del primer amor. Desde aquel momento, habiendo dejado las redes, siguieron a Jesús, escuchando su predicación y siendo testigos de los prodigios que realizaba. El Resucitado les dice: “Volvamos a comenzar desde donde habíamos empezado. Empecemos de nuevo. Os quiero de nuevo conmigo, a pesar y más allá de todos los fracasos”. El Señor es así, traza senderos nuevos dentro de los caminos de nuestras derrotas. Él es así y nos invita a ir a Galilea para hacer lo mismo.

Este es el primer anuncio de Pascua que quisiera ofrecerles: siempre es posible volver a empezar, porque siempre existe una vida nueva que Dios es capaz de reiniciar en nosotros más allá de todos nuestros fracasos. Incluso de los escombros de nuestro corazón —cada uno de nosotros los sabe, conoce las ruinas de su propio corazón—, incluso de los escombros de nuestro corazón Dios puede construir una obra de arte, aun de los restos arruinados de nuestra humanidad Dios prepara una nueva historia”. Su vida y su muerte son momento para volver a los mejores momentos de nuestra existencia, a nuestras opciones más radicales, al primer amor.

“Fue un Papa en medio de la gente, con el corazón abierto a todos. Fue también un Papa atento a lo nuevo que surgía en la sociedad y a lo que el Espíritu Santo suscitaba en la Iglesia. Con su vocabulario característico y con su lenguaje rico en imágenes y metáforas, buscaba siempre iluminar los problemas de nuestro tiempo con la sabiduría del Evangelio, ofreciendo una respuesta a la luz de la fe y animándonos a vivir como cristianos los retos y las contradicciones de estos nuestros años de cambio, que a él le gustaba calificar de «cambio de época»”, decía hoy el Cardenal Re.

2.-“Ir a Galilea", en segundo lugar, significa recorrer nuevos caminos. Es moverse en la dirección opuesta al sepulcro. Las mujeres buscaban a Jesús en la tumba, es decir, iban a hacer memoria de lo que habían vivido con Él y que ahora habían perdido para siempre. Van a refugiarse en su tristeza. Es la imagen de una fe que se ha convertido en conmemoración de un hecho hermoso pero terminado, sólo para recordar. Muchos —incluso nosotros— viven la “fe de los recuerdos”, como si Jesús fuera un personaje del pasado, un amigo de la juventud ya lejano, un hecho ocurrido hace mucho tiempo, cuando de niño asistía al catecismo. Una fe hecha de costumbres, de cosas del pasado, de hermosos recuerdos de la infancia, que ya no me conmueve, que ya no me interpela. Ir a Galilea, en cambio, significa aprender que la fe, para que esté viva, debe ponerse de nuevo en camino. Debe reavivar cada día el comienzo del viaje, el asombro del primer encuentro. Y después confiar, sin la presunción de saberlo ya todo, sino con la humildad de quien se deja sorprender por los caminos de Dios. Nosotros tenemos miedo de las sorpresas de Dios, normalmente tenemos miedo de que Dios nos sorprenda. Y hoy el Señor nos invita a dejarnos sorprender. Vayamos a Galilea para descubrir que Dios no puede ser depositado entre los recuerdos de la infancia, sino que está vivo, siempre sorprende. Resucitado, no deja nunca de asombrarnos.

Luego, el segundo anuncio de Pascua: la fe no es un repertorio del pasado, Jesús no es un personaje obsoleto. Él está vivo, aquí y ahora. Camina contigo cada día, en la situación que te toca vivir, en la prueba que estás atravesando, en los sueños que llevas dentro. Abre nuevos caminos donde sientes que no los hay, te impulsa a ir contracorriente con respecto al remordimiento y a lo “ya visto”. Aunque todo te parezca perdido, por favor déjate alcanzar con asombro por su novedad: te sorprenderá”.

Un aplauso espontáneo ha interrumpido las palabras del Cardenal Re: “Ante el desencadenamiento de tantas guerras en los últimos años, con horrores inhumanos e innumerables muertes y destrucción, el Papa Francisco ha alzado incesantemente su voz implorando la paz y llamando a la sensatez, a la negociación honesta para encontrar posibles soluciones, porque la guerra –ha dicho– es sólo muerte de personas, destrucción de casas, hospitales y escuelas. La guerra siempre deja al mundo peor que antes: siempre es una derrota dolorosa y trágica para todos. «Construir puentes y no muros» es una exhortación que repitió muchas veces, y el servicio de la fe como Sucesor del Apóstol Pedro siempre se ha unido al servicio de la humanidad en todas sus dimensiones”.

Nada de mantenimiento y resignación: caminos nuevos, renovación, sinodalidad, corresponsabilidad, discernimiento para dar la mejor respuesta, reforma de la Iglesia en sus estructuras y en sus propuestas, creatividad, nuevos movimientos, pastoral de conversión y conversión pastoral: ése es el legado del papa Francisco.

3.- “Ir a Galilea" significa, además, ir a los confines. Porque Galilea es el lugar más lejano, en esa región compleja y variopinta viven los que están más alejados de la pureza ritual de Jerusalén. Y, sin embargo, fue desde allí que Jesús comenzó su misión, dirigiendo su anuncio a los que bregan por la vida de cada día, dirigiendo su anuncio a los excluidos, a los frágiles, a los pobres, para ser rostro y presencia de Dios, que busca incansablemente a quien está desanimado o perdido, que se desplaza hasta los mismos límites de la existencia porque a sus ojos nadie es último, nadie está excluido. Es allí donde el Resucitado pide a sus seguidores que vayan, también hoy nos pide de ir a Galilea, en esta “Galilea” real”.

Así se reconocía hoy en la homilía del funeral: “Es significativo que el primer viaje del Papa Francisco fuera a Lampedusa, una isla símbolo del drama de la emigración con miles de personas ahogadas en el mar. En la misma línea fue su viaje a Lesbos, junto al Patriarca Ecuménico y el Arzobispo de Atenas, así como la celebración de una Misa en la frontera entre México y Estados Unidos. De sus 47 arduos Viajes Apostólicos, quedará para la historia el que realizó a Irak en 2021, desafiando todos los riesgos. Aquella difícil Visita Apostólica fue un bálsamo en las heridas abiertas del pueblo iraquí, que tanto había sufrido por la obra inhumana del ISIS. También fue una Jornada importante para el diálogo interreligioso, otra dimensión relevante de su labor pastoral. Con la Visita Apostólica 2024 a cuatro naciones de Asia-Oceanía, el Papa llegó a «las periferias más periféricas del mundo». Frente a lo que llamó «la cultura del descarte», habló de la cultura del encuentro y de la solidaridad. El tema de la fraternidad ha recorrido todo su pontificado en tonos vibrantes. En su Carta Encíclica «Fratelli tutti» quiso reavivar una aspiración mundial a la fraternidad, porque todos somos hijos del mismo Padre que está en los cielos. Con fuerza nos recordaba a menudo que todos pertenecemos a la misma familia humana. En 2019, durante su viaje a los Emiratos Árabes Unidos, el Papa Francisco firmó un documento sobre la «Fraternidad humana para la paz mundial y la convivencia común», recordando la paternidad común de Dios.”

Funeral del Papa Francisco ocasión para avanzar en compromiso y radicalidad. A los que ven la Iglesia como una institución antigua e invitan a no dar un paso atrás en los cambios efectuados yo les invito a reconocer en conciencia qué pasos adelante han dado ellos en estos 12 años. Se suelen erigir como jueces por encima del bien y del mal y han dado muy pocos pasos en su maduración cristiana y en su compromiso ciudadano. Flaco favor a la memoria del Papa Francisco.

4.- “Galilea es el lugar de la vida cotidiana, son las calles que recorremos cada día, los rincones de nuestras ciudades donde el Señor nos precede y se hace presente, precisamente en la vida de los que pasan a nuestro lado y comparten con nosotros el tiempo, el hogar, el trabajo, las dificultades y las esperanzas. En Galilea aprendemos que podemos encontrar a Cristo resucitado en los rostros de nuestros hermanos, en el entusiasmo de los que sueñan y en la resignación de los que están desanimados, en las sonrisas de los que se alegran y en las lágrimas de los que sufren, sobre todo en los pobres y en los marginados. Nos asombraremos de cómo la grandeza de Dios se revela en la pequeñez, de cómo su belleza brilla en los sencillos y en los pobres.

Reconozcámoslo presente en nuestras Galileas, en la vida de todos los días. Con Él, la vida cambiará. Porque más allá de toda derrota, maldad y violencia, más allá de todo sufrimiento y más allá de la muerte, el Resucitado vive y el Resucitado gobierna la historia.

Hermana, hermano si en esta noche tu corazón atraviesa una hora oscura, un día que aún no ha amanecido, una luz sepultada, un sueño destrozado, ve, abre tu corazón con asombro al anuncio de la Pascua: “¡No tengas miedo, resucitó! Te espera en Galilea”. Tus expectativas no quedarán sin cumplirse, tus lágrimas serán enjugadas, tus temores serán vencidos por la esperanza. Porque, sabes, el Señor te precede siempre, camina siempre delante de ti. Y, con Él, siempre la vida comienza de nuevo”.

Así ha sido la vida cotidiana del Papa Francisco: “A pesar de su fragilidad y sufrimiento últimos, el Papa Francisco eligió recorrer este camino de entrega hasta el último día de su vida terrena. Siguió las huellas de su Señor, el buen Pastor, que amó a sus ovejas hasta dar la vida por ellas. Y lo hizo con fuerza y serenidad, cerca de su rebaño, la Iglesia de Dios, recordando la frase de Jesús citada por el apóstol Pablo: «Hay más alegría en dar que en recibir» Hechos, 20.35”, reconocía el Cardenal Re.

5.- En la Vigilia de 2023 añade la Galilea de tu experiencia fundante: “Recuerda tu Galilea y camina hacia tu Galilea. Es el “lugar” en el que conociste a Jesús en persona; donde Él para ti dejó de ser un personaje histórico como otros y se convirtió en la persona más importante de tu vida. No es un Dios lejano, sino el Dios cercano, que te conoce mejor que nadie y te ama más que nadie. Hermano, hermana, haz memoria de Galilea, de tu Galilea; de tu llamada, de esa Palabra de Dios que en un preciso momento te habló justamente a ti; de esa experiencia fuerte en el Espíritu; de la alegría inmensa que sentiste al recibir el perdón sacramental en aquella confesión; de ese momento intenso e inolvidable de oración; de esa luz que se encendió dentro de ti y transformó tu vida; de ese encuentro, de esa peregrinación. Cada uno sabe dónde está la propia Galilea, cada uno de nosotros conoce dónde tuvo lugar su resurrección interior, ese momento inicial, fundante, que lo cambió todo. No podemos dejarlo en el pasado, el Resucitado nos invita a volver allí para celebrar la Pascua. Recuerda tu Galilea, haz memoria de ella, reavívala hoy. Vuelve a ese primer encuentro. Pregúntate cómo y cuándo sucedió; reconstruye el contexto, el tiempo y el lugar; vuelve a experimentar las emociones y las sensaciones; revive los colores y los sabores. Porque sabes que, cuando has olvidado ese primer amor, cuando has pasado por alto ese primer encuentro, ha comenzado a depositarse el polvo en tu corazón. Y experimentaste la tristeza y, como les ocurrió a los discípulos, todo parecía sin perspectiva, como si una piedra sellara la esperanza. Pero hoy, hermano, hermana, la fuerza de la Pascua nos invita a quitar las lápidas de la desilusión y la desconfianza. El Señor, experto en remover las piedras sepulcrales del pecado y del miedo, quiere iluminar tu memoria santa, tu recuerdo más hermoso, hacer actual ese primer encuentro con Él. Recuerda y camina; regresa a Él, recupera la gracia de la resurrección de Dios en ti. Vuelve a Galilea, vuelve a tu Galilea.

Hermanos, hermanas, sigamos a Jesús en Galilea; encontrémoslo y adorémoslo allí donde Él nos espera. Revivamos la belleza del momento en que, después de haberlo descubierto vivo, lo proclamamos Señor de nuestra vida. Volvamos a Galilea, a la Galilea del primer amor. Que cada uno vuelva a su propia Galilea, la del primer encuentro, ¡y resurjamos a una vida nueva!”

“El Papa Francisco puso siempre en el centro el Evangelio de la misericordia, subrayando repetidamente que Dios no se cansa de perdonarnos: perdona siempre sea cual sea la situación de quien pide perdón y vuelve al camino recto. Quiso el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, subrayando que la misericordia es «el corazón del Evangelio». Misericordia y alegría del Evangelio son dos palabras clave del Papa Francisco”, se subrayaba en la homilía.

Su memoria, por tanto, es una oportunidad para retomar el hilo conductor de la propia existencia, el mensaje que Dios quiere pronunciar por medio de cada uno de nosotros al mundo tal como lo apunta en su exhortación apostólica Gaudete et Exultate.

6.- Y finalmente, Galilea es anuncio explícito, vida pública, entrega a la humanidad:

“El hilo conductor de su misión ha sido también la convicción de que la Iglesia es un hogar para todos; un hogar con las puertas siempre abiertas. Ha recurrido repetidamente a la imagen de la Iglesia como un «hospital de campaña» después de una batalla en la que ha habido muchos heridos; una Iglesia deseosa de ocuparse con determinación de los problemas de la gente y de las grandes aflicciones que laceran el mundo contemporáneo; una Iglesia capaz de inclinarse sobre cada hombre, más allá de cualquier credo o condición, curando sus heridas”, destacaba el Cardenal Re.

En 2022 el Papa lo formulaba así: “Las mujeres anuncian. ¿Qué anuncian? La alegría de la Resurrección. La Pascua no acontece para consolar íntimamente al que llora la muerte de Jesús, sino para abrir de par en par los corazones al anuncio extraordinario de la victoria de Dios sobre el mal y sobre la muerte. Por eso, la luz de la Resurrección no quiere retener a las mujeres en el éxtasis de un gozo personal, no tolera actitudes sedentarias, sino que genera discípulos misioneros que “regresan del sepulcro” (cf. v. 9) y llevan a todos el Evangelio del Resucitado. Es por eso que, después de haber visto y escuchado, las mujeres corrieron a anunciar la alegría de la Resurrección a los discípulos. Sabían que podían pensar que estaban locas, tanto es así que el Evangelio dice que sus palabras les parecieron «una locura» (v. 11), pero ellas no se preocuparon de su reputación ni de defender su imagen; no midieron sus sentimientos ni calcularon sus palabras. Solamente tenían el fuego en el corazón para llevar la noticia, el anuncio: “¡El Señor ha resucitado!”

¡Y qué hermosa es una Iglesia que corre de esta manera por los caminos del mundo! Sin miedos, sin estrategias ni oportunismos; sólo con el deseo de llevar a todos la alegría del Evangelio. A esto somos llamados, a experimentar el encuentro con el Resucitado y a compartirlo con los demás; a correr la piedra del sepulcro, donde con frecuencia hemos encerrado al Señor, para difundir su alegría en el mundo.

Hay una constante tentativa desde algunos sectores de nuestra sociedad de relegar la fe en el Resucitado a lo meramente privado. ¿Cómo no comunicar y proclamar la Resurrección de Jesús si es lo más grande que ha sucedido desde el inicio de los tiempos? Su Resurrección desafía la noción de que la fe es irrelevante o anticuada. En un contexto donde la transmisión de la fe parece estar rota, la Resurrección nos llama a renovar nuestro compromiso de compartir y vivir el mensaje de esperanza. Nosotros, como aquellos discípulos, hombres y mujeres que fueron testigos de la Resurrección, también estamos hoy llamados a ser testigos vivos del poder transformador del amor de Dios, capaces de trascender barreras y superar escepticismos.

Resucitemos a Jesús, el Viviente, de los sepulcros donde lo hemos metido, liberémoslo de las formalidades donde a menudo lo hemos encerrado. Despertémonos del sueño de la vida tranquila en la que a veces lo hemos acomodado, para que no moleste ni incomode más. Llevémoslo a la vida cotidiana: con gestos de paz en este tiempo marcado por los horrores de la guerra; con obras de reconciliación en las relaciones rotas y de compasión hacia los necesitados; con acciones de justicia en medio de las desigualdades y de verdad en medio de las mentiras. Y, sobre todo, con obras de amor y de fraternidad.

Hermanos y hermanas, nuestra esperanza se llama Jesús. Él entró en el sepulcro de nuestros pecados, llegó hasta el lugar más profundo en el que nos habíamos perdido, recorrió los enredos de nuestros miedos, cargó con el peso de nuestras opresiones y, desde los abismos más oscuros de nuestra muerte, nos despertó a la vida y transformó nuestro luto en danza. ¡Celebremos la Pascua con Cristo! Él está vivo y también hoy pasa, transforma, libera. Con Él el mal no tiene más poder, el fracaso no puede impedir que empecemos de nuevo, la muerte se convierte en un paso para el inicio de una nueva vida. Porque con Jesús, el Resucitado, ninguna noche es infinita; y, aun en la oscuridad más densa, en esa oscuridad brilla la estrella de la mañana. La Resurrección emerge como una luz radiante de esperanza y renovación. Jesús con su victoria es un Dios de vida, no de muerte.

La Resurrección también nos pone frente a la realidad de la muerte. En un mundo obsesionado con la juventud y la eterna búsqueda de la inmortalidad a través del éxito y el poder, de filtros en redes sociales o de aparentar, la Resurrección nos invita a confrontar nuestra propia mortalidad con valentía y serenidad pues Jesús vivo nos recuerda que la muerte no tiene la última palabra, sino que es el umbral hacia una vida nueva y eterna en la presencia del Padre.

Jesús es el Dios de la vida. En un momento en el que se quiere facilitar la muerte de los que parece que no tienen su sitio en el mundo, Cristo venciendo a la muerte nos habla de vida, de abrir caminos para la vida, de proteger y promocionar toda vida humana. Hablo de ancianos en su peregrinaje final, de niños concebidos que no tienen quien les defienda o de migrantes que huyen de guerras y hambre. Esas vidas merecen defensa, protección y acogida. Cristo venció a la muerte y al pecado para que nosotros demos con nuestra vida continuidad a su victoria”.

Finalizo mis palabras como el Cardenal Re su homilía: “El Papa Francisco solía concluir sus discursos y encuentros diciendo: «No se olviden de rezar por mí». Querido Papa Francisco, ahora te pedimos que reces por nosotros y que desde el cielo bendigas a la Iglesia, bendigas a Roma, bendigas al mundo entero, como hiciste el domingo pasado desde el balcón de esta Basílica en un último abrazo con todo el pueblo de Dios, pero idealmente también con la humanidad que busca la verdad con corazón sincero y mantiene en alto la antorcha de la esperanza”. Querido Papa Francisco, descansa en paz.

+Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

En la Concatedral de María Inmaculada de Vitoria-Gasteiz, a 26 de abril de 2025, sábado de la Primera Semana de Pascua y Misa Funeral en la Diócesis de Vitoria por el Papa Francisco

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Aquí puedes leer también la homilía de Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, durante la Misa Funeral celebrada en la mañana del sábado 26 de abril en la Plaza de San Pedro del Vaticano ante más de 250.000 personas y seguida por millones de personas a través de cientos de medios de comunicación.

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