Evangelio del día: «Vosotros sois la luz del mundo». Mt5,13-16

Felicitación de Navidad y Año Nuevo del Obispo de Vitoria

Llega Navidad. Con ella celebramos el nacimiento de Jesús. Llega la alegría de sabernos acompañados por Dios en la persona de su hijo. Hoy nace la esperanza que nunca defrauda. Despedimos un año y comenzamos uno nuevo.

La Iglesia quiere hacer extensible a toda la sociedad esta buena noticia y con ocasión de esta celebración, el Obispo de Vitoria, Monseñor Juan Carlos Elizalde, felicita a todas las personas que viven y trabajan en la Diócesis de Vitoria y les desea un feliz año 2023.

 

 

Además de esta felicitación digital en nuestro canal de YouTube, D. Juan Carlos Elizalde ha escrito una Carta por esta Navidad y nuevo año que puedes leer a continuación:

D. JUAN CARLOS ELIZALDE
OBISPO DE VITORIA
POR LA NAVIDAD Y EL NUEVO AÑO 2023

 

Queridos fieles diocesanos, ¡feliz Navidad! Eguberri eta Urte Berri On!

Para encontrar a Jesús, hay que llegar allí, donde Él está; hay que rebajarse, hacerse pequeño, para entrar en ese establo donde nació el Hijo de Dios”. El Papa Francisco, al comenzar este mes de diciembre, nos invitaba a vivir la Navidad con humildad, cercanía, amor y viendo en la pequeñez la grandeza del Señor.

Repaso con vosotros lo que como hijas e hijos muy amados y como Iglesia diocesana que peregrina en esta tierra hemos vivido en este año. El Sínodo convocado por el Papa Francisco nos ha unido y nos ha hecho ver que la pluralidad es un bien a proteger porque en esta barca, donde cabemos todos y donde remamos juntos, la fe es la que marca el rumbo.

La pandemia la hemos logrado superar no sin sufrimiento y docilidad y tras más de dos años donde muchas personas han fallecido, algunas de ellas solas, sin la compañía de los suyos, sin funeral o sin el calor de los más cercanos. En esta Navidad los encomendamos. Varios sacerdotes han retornado también a la Casa del Padre, así como varias religiosas de Vitoria y de la zona rural alavesa. Agradecemos en esta Navidad su generoso servicio y les tenemos presentes en nuestras celebraciones.

Con el fin de las restricciones y la vuelta a la normalidad, la Diócesis ha retomado muchas de sus actividades e iniciativas para todas las edades y ámbitos. Esta alegría se truncó rápidamente: al Este de nuestro continente estallaba una nueva guerra cruel y bajo la amenaza de convertirse en un gran conflicto a escala mundial. Ahí estamos aún. Desde el primer momento, la Diócesis quiso ser parte de la solución y comenzó a acoger a cuentagotas ucranianos que huían del horror de la guerra. Gracias a quienes de manera altruista os movilizasteis en este sentido. La incesante oración y la generosa solidaridad de los ciudadanos a través de donativos en parroquias hizo posible multiplicar los recursos para ayudar a las Cáritas fronterizas, especialmente en Polonia, en la acogida temprana y cercana. Esta situación, que supuso todo un reto para nuestra iglesia, provocó el nacimiento de la Mesa Diocesana de Acogida, donde Cáritas, Berakah, Confer y la Delegación de Migraciones, que, en ésta y en las posibles crisis humanitarias futuras, será la que coordine la llegada de refugiados y su atención primaria con todos los recursos habitacionales y de apoyo diocesanos. Gracias a estos organismos eclesiales y al Pueblo de Dios por su respuesta en los momentos más críticos de esta guerra en Ucrania. Pidamos al Señor que toque los corazones de quienes usan las armas como manera de relacionarse con los demás.

En febrero compartí con todos vosotros la Carta Pastoral ‘Caminar juntos en tiempos de perplejidad’. Su título lo dice todo. Hoy tenemos que seguir caminando juntos porque seguimos en esos tiempos donde falta luz en medio de tanta oscuridad. En estos últimos meses hemos despedido a los tres últimos benedictinos del Santuario de Estíbaliz, a las salesianas, y hace pocos días a las sanchinas. La falta de relevo está en el común denominador de la vida religiosa y sacerdotal. Agradezco de todo corazón a estos hombres y mujeres su labor evangélica. Su marcha refuerza la certeza de que seguir a Jesús, desde cualquier vocación, merece la pena.

Las vocaciones que el Señor regala –sacerdotales, religiosas y a la familia–, debemos cultivarlas cuidadosamente, y más hoy cuando la transmisión de la fe en nuestra sociedad se ha roto. Con audacia, pidamos al Señor vocaciones. Todas ellas son bienvenidas y discernidas con madurez. Sin ellas, la Iglesia será residual. Los actuales 21 seminaristas son una luz de esperanza. Una joven vitoriana de 24 años ha dicho también sí al Señor y ya madura en la fe desde su nueva etapa en una comunidad de religiosas. Esta última noticia junto a la última ordenación sacerdotal en Vitoria hace escasos días han sido, según el registro, las noticias más leídas por los ciudadanos. Algo quiere decir esto. La Iglesia sigue siendo parte de nuestro tejido social. Sigamos acercando la experiencia de Dios a los jóvenes y a los no tan jóvenes. Todos tienen derecho a conocer a Dios. Para eso está la Iglesia. Y para poder hacerlo, hay que desarrollar la vida interior y el silencio para escuchar qué nos dice el Señor aquí y ahora. Ante tanto ruido, busquemos la voz de Dios que nos habla a través de los signos de los tiempos, también como a San José, a través de sueños.

En estos meses, colegios, parroquias y delegaciones han celebrado muchos proyectos, festejando logros y aniversarios y siguen siendo un referente para nuestras familias. Gracias por trasmitir a Cristo a través de vuestro día a día. Fortalecer la fe en los jóvenes es garantía de una vida plena y la principal tarea de todo colegios católico es comunicar la belleza del amor de Dios a quienes les queda toda la vida por delante.

En mayo cerrábamos la etapa diocesana del Sínodo. Fue un momento precioso de comunión, participación y misión. Se hizo visible la diversidad de nuestra Diócesis y lo multiplicador que resulta  sumar carismas desde el respeto y el diálogo. Sigamos por esta senda.

En todo este tiempo se ha intensificado la sinodalidad en nuestra Diócesis. Hemos vivido la renovación del Consejo Pastoral Diocesano, la del Consejo Presbiteral y la creación del Consejo de Gobierno, donde la Diócesis cuenta por primera vez con la presencia de tres mujeres –dos laicas y una religiosa– en la tarea de asesorar al Obispo en temas de primer índole. También nació la Escuela de Teología y Pastoral para impulsar la formación de los laicos. Asimismo la web de la Diócesis ha incorporado dos secciones –podcast y tribunas de reflexión– para compartir las distintas formas de seguimiento al Señor.

Hemos celebrado los 35 años de vida de Proyecto Hombre. En todo este tiempo casi 30.000 hombres y mujeres han sido ayudadas por Jeiki en sus adicciones. Por desgracia, este recurso sigue siendo muy necesario en nuestra sociedad, especialmente con los jóvenes y las nuevas y dañinas estrategias de robarles sus vidas. Agradezco a su equipo directivo y a todos los profesionales y voluntarios de Jeiki su tarea generosa y lúcida en beneficio de tantísimas personas y sus familias.

Por fin volvimos a celebrar a San Prudencio, a Nuestra Señora de Estíbaliz y a la Virgen Blanca así como a los titulares de muchos pueblos y valles de la Diócesis. Siempre es una alegría inmensa celebrar, en unión y buena armonía, de manera festiva, a quienes nos recuerdan la misión que tenemos en hacer presente el Reino de Dios en medio de nosotros.

No quiero pasar por alto otros hitos importantes en este tiempo. Nuestro querido Alvaro Chordi fue ordenado Obispo en Chile. Junto al Vicario General y a otros dos sacerdotes, pude estar con él y en nombre de toda la Diócesis felicitarle y encomendarle en esta nueva tarea, nada fácil. En febrero podremos compartir aquí con él nuestro gozo. También nos alegrábamos por los 100 años del misionero y artesano Peli Romarategui. Su vida es sin duda testimonio de amor y servicio, también a través del arte, a los últimos. Arrancábamos hace tres meses presentando la Carta Apostólica Desiderio Desideravi del Papa Francisco sobre la importancia de la liturgia. La estamos analizando con los sacerdotes, por zonas pastorales, en las reuniones de trabajo conmigo. Seguíamos con la remodelación diocesana a través de las claves de renovación y de los nuevos nombramientos, para seguir transmitiendo el mensaje de Jesús desde todos los carismas y sensibilidades de la Iglesia. También este año hemos dedicado tiempo a seguir fomentando entre los cristianos la necesidad del cuidado del planeta, erradicar la violencia contra la mujer, dignificar las condiciones laborales de los trabajadores y luchar contra los rumores que manipulan la realidad de quienes llegan a nuestro país buscando una vida mejor. Gracias de corazón a quienes son parte de Cáritas, Berakah, Manos Unidas, Servicios diocesanos y Misiones y a los muchos Grupos de Solidaridad desplegados en parroquias y colegios.

Y así, llegamos al Adviento y a la Navidad con decenas de actos para todas las edades y gustos. Gracias especialmente a las delegaciones diocesanas y a las parroquias por alimentar el sentido cristiano de esta fiesta, donde recordamos que Jesús nació para estar con nosotros y cambiar el curso de la Historia.

Para este año que empezamos, desde el mismo día 1 de enero, Jornada de la Paz, de la mano de Santa María, queremos seguir siendo parte significativa de la sociedad y vivir como auténticos cristianos seguidores del Resucitado en todos los ámbitos de nuestra vida.

El mundo necesita del compromiso cristiano. Son muchos los retos que amenazan la convivencia y el progreso. Las desigualdades y la pobreza siguen aumentando y arrasando todo a su paso. La opción por los pobres es la hoja de ruta de la Iglesia. En nuestras manos está servir al pobre a través de diferentes cauces. Millones de personas viven en la pobreza extrema, sin acceso a alimentos, agua potable o atención médica. La Iglesia está con ellos, allí, donde para muchos están olvidados. Sigamos ayudando este año a quienes ayudan sobre el terreno: los misioneros, las ONGs de la Iglesia, y la congregaciones religiosas. La desigualdad económica y social en nuestra sociedad sigue. La brecha se hace más grande y esto solo contribuye a una pobreza y exclusión mayores. Sigamos instando a las instituciones competentes en la política, en los mercados y en la economía a una alternativa, como nos alienta el Papa Francisco en la Fratelli Tutti, y actuemos en conciencia en favor de quienes menos tienen. Tampoco nos olvidemos de los cristianos perseguidos. Su testimonio de mártires nos han de remover en nuestra comodidad y buscar la autenticidad de ser cristianos con todas las consecuencias. Este año seguiremos apoyando su derecho a la fe allí donde están amenazados por seguir a Jesús.

También en la Iglesia necesitamos afrontar con valentía las principales amenazas. Los abusos perpetrados por algunos de sus miembros no tienen excusa ni justificación alguna. Los últimos Papas, incluido el actual, han pedido perdón por esta lacra que ha truncado vidas de menores y adultos que pusieron su confianza en la Iglesia. Me sumo y pido de corazón perdón como Obispo de Vitoria a todas las personas que en nuestro territorio hayan sufrido abusos en el pasado así como a sus familias. Mi compromiso sigue siendo acoger a todo el que denuncie estas situaciones, hayan o no prescrito y aunque no sean competencia diocesana, se las escuche, se las acompañe y se las ayude en la medida de nuestras posibilidades depurando responsabilidades. Seguiremos este año trabajando, con transparencia y discreción, en este sentido y para que nunca más algo así se repita y con la firmeza de actuar a través de los profesionales de la Oficina de Atención y Prevención para abusos sexuales a menores de la Diócesis de Vitoria.

Los intentos para imponer una serie de cambios culturales y sociales que chocan con las enseñanzas del Evangelio también afectan a la continuidad de la misión de la Iglesia en muchos aspectos. Por ello, sin negar el dialogo y el encuentro con todos, seguiremos poniendo en valor el papel principal de la familia; la importancia de lo trascendental en la vida de todo hombre y mujer; la dignidad de toda vida humana; la presencia real del Resucitado en el sacramento de la Eucaristía y en todos los sacramentos; la validez de las Bienaventuranzas y de las enseñanzas de Aquel que nació para salvarnos.

También continuaremos viviendo la fe de manera sinodal como Diócesis. Con diálogo, espacios para todos, y trabajando unidos por el futuro de la Iglesia. Estamos en un momento clave para ese futuro. No somos ajenos a la polarización que vive nuestra sociedad occidental, que también atraviesa tiempos confusos y convulsos. La acogida fraterna al nuevo pastor de la Diócesis de San Sebastián es un motivo de renovado impulso en la pastoral interdiocesana del País Vasco.

Esta Navidad habrá gente que no tenga motivos para celebrar. Sus corazones están afligidos por despedidas, enfermedades, dificultades de llegar a fin de mes y malas noticias. Crecen las desigualdades, aumentan los suicidios entre los jóvenes, se intensifica la violencia como recurso para la resolución de conflictos, los migrantes no encuentran solución a sus situaciones en peligro de muerte, el coste de la vida sube sin subir los salarios, el empleo no cubre las necesidades de las familias, las agendas llenas vacían las vidas permanentemente estresadas y así un largo etcétera. 

Muchos necesitan una prueba de que el Señor está y un destello que nos permita huir de la duda. Nuestros interrogantes y dolores han sido respondidos en este Niño porque en Él, Dios ha hablado definitivamente.

Hemos edulcorado la Navidad con luces, turrones y espumillón. En estas fechas estamos como obligados a ser felices y mucha gente en Navidad es más infeliz que nunca, porque aparecen más visiblemente las rupturas, discordias y tristezas. Y es que hemos ocultado que este Niño nace en un establo, en un lugar de animales, porque no había sitio para ellos en la posada. Hemos ocultado que nace en la pobreza, en la exclusión y en la marginalidad, fuera de la ciudad. Con nuestras inocentadas hemos ocultado que tiene que vivir la persecución, el exilio, la huida a Egipto y la muerte de los inocentes. Por el contrario, tenemos que recordar que este Niño viene a compartir nuestra suerte y a acompañar por dentro todas las situaciones de nuestra vida. En este Niño se nos ha regalado un Amigo y un Compañero para toda nuestra vida. Es la certeza gozosa que compartimos en Navidad. Desde la luz de Belén queremos contemplarlo todo.

Unidos como una Diócesis abierta a todos y que mira de frente a quien más lo necesita, en comunión con toda la Iglesia Universal y con el Papa Francisco a la cabeza, os deseo una muy feliz Navidad y un feliz año 2023 de todo corazón. Eguberri eta Urte Berri On!  

Agur, besarkada bat! Mi agradecimiento y bendición, 

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

En Vitoria-Gasteiz, 22 de diciembre de 2022

En este enlace tienes la carta en PDF.

© 2023 Diócesis de Vitoria / Gasteizko Elizbarrutia