Evangelio del día: «Vendrán muchos de oriente y occidente al reino de los cielos». Mt8,5-11

Entre la solidaridad y la Justicia Social. Claves éticas para la sociedad de hoy

escuela-socialwebArturo García, del Instituto de Ciencias Religiosas Pio XII, ha sido el último de los ponentes - el pasado 22 de noviembre -  en participar en el ciclo de conferencias de la Escuela Social, que a lo largo de este primer trimestre del curso se desarrollan con el tema "Solidaridad, mirada ética a nuestra sociedad". García comenzó su intervención "Entre la solidaridad y la justicia social, claves éticas para la sociedad de hoy" desgranando el contenido de los términos “justicia social” y “solidaridad”. Este esfuerzo definitorio obedece a la gran diversidad de aspectos y contenidos que damos a estas palabras tanto en nuestro lenguaje cotidiano como académico.

Desde nuestro pensamiento social y cristiano entendemos estos términos con una base personalista comunitaria, entendiendo así al ser humano en su integridad (individuo – social). Así la “justicia social” hace referencia al bien común, a diferencia de la llamada “justicia legal” que se convierte en garante del orden (social, jurídico, político…)

La justicia no abarca todas las dimensiones éticas de la vida social, ni tiene presente las “asimetrías” propias de cada persona. Es necesario planificarla por medio de otras virtudes y otros principios (por ejemplo, la solidaridad).

El término “solidaridad” tiene una historia corta. Ha adquirido diversos significados, que a veces han sido contrapuestos. La solidaridad la definimos como una virtud que expresa la condición ética de la vida humana y que propugna la transformación del corazón humano, con buenos sentimientos hacia los demás, y tiene un alcance de transformación social. Su base es la empatía y su fin el compartir. Sus componentes: el sentimiento compasivo, la actitud de reconocimiento del otro y el valor de la universalización.

Pero, ¿cómo aplicamos la solidaridad? (segundo punto de la ponencia). El ejercicio de solidaridad dentro de cada sociedad es válido sólo cuando los miembros de dicha sociedad se reconocen unos a otros como personas, cuando los que más tienen se muestran solidarios con los que menos y están dispuestos a compartir lo que son y hacen.

También hay que mirar con los mismos criterios a los organismos estructurales y ver y conocer causas en la propia organización de la sociedad. Aquí juega un papel muy importante la solidaridad porque plenifica a la justicia, ya que no puede existir auténtica solidaridad sin cumplimiento de lo justo.

La justicia marca el mínimo moral universal, la solidaridad es el sentido último de la justicia, pues la justicia no es suficiente para construir una perfecta convivencia entre las personas. Hay que compaginar la indignación ética con la acción posible, siempre hacia el paulatino cambio social en defensa de los más débiles.

(Aquellas personas interesadas  en el texto compelto de la ponencia pueden ponerse en contacto con el Secretariado Social Diocesano C/ Vicente Goicoechea 5 - 1º)

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